No estamos solos…

«Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien dio su vida como rescate por todos». Este pasaje de la carta a Timoteo es, sin duda, uno de los más profundos y consoladores del Nuevo Testamento. En pocas palabras, el apóstol Pablo nos recuerda la esencia de nuestra fe y el centro de nuestra esperanza: no estamos solos, no estamos perdidos, no necesitamos buscar mil caminos para llegar a Dios. Jesús ya abrió el único camino, y lo hizo por amor.

Cuando Pablo dice que “hay un solo Dios”, no lo dice para excluir, sino para afirmar algo maravilloso: no necesitamos vivir confundidos, ni llenos de temor ante lo desconocido. Hay un solo Dios, y ese Dios es Padre, es amor, es verdad. En medio de tantos dioses falsos que hoy se presentan en forma de dinero, éxito, poder o ego, esta palabra nos recuerda que solo hay un verdadero Dios que nos conoce, nos sostiene y nos llama por nuestro nombre.

Y si hay un solo Dios, también hay un solo mediador. Qué hermoso es saber que no necesitamos hacer méritos imposibles, ni buscar intermediarios humanos que nos acerquen a Dios. Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios, ya se ha puesto en nuestro lugar. Él nos entiende, porque vivió como nosotros. Él no es un Dios lejano o indiferente; es un Salvador cercano, que sabe lo que es sufrir, lo que es llorar, lo que es cargar con el peso de la vida. Por eso, podemos acudir a Él con confianza, con todo lo que somos: nuestras heridas, nuestras dudas, nuestras esperanzas.

La frase más poderosa de este pasaje quizás sea: “quien dio su vida como rescate por todos”. Jesús no vino solo a enseñarnos o a dar ejemplo. Vino a dar su vida. Nadie se la quitó; Él la entregó libremente, porque nos ama. Su cruz no fue una derrota, sino una victoria sobre el pecado, la culpa y la muerte. Y lo hizo por todos. No por unos pocos escogidos, no solo por los santos o los fuertes, sino también por los que caen, por los que dudan, por los que están lejos. Por ti y por mí.

En estos tiempos donde tantas voces nos confunden, donde tantas cargas nos agobian, este pasaje nos invita a descansar. No estamos solos en nuestro caminar. Hay un mediador que intercede por nosotros, que nos comprende y nos sostiene. Su nombre es Jesús. Y Él nos espera, siempre con los brazos abiertos.

Confiemos en Él. Vivamos cada día recordando que hay un solo Dios que nos ama y un solo mediador que dio su vida por nosotros. Eso basta para tener esperanza, para caminar con paz y para anunciar con alegría el Evangelio al mundo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *