Vivimos en un mundo marcado por el consumismo, por las apariencias, por el “status”, y muchas veces nos olvidamos qué lo más importante -sobre todo para aquellos que creemos en Dios- es nuestra vida, cómo alimentamos nuestra existencia, nuestro espíritu, nuestra fe y confianza en Dios, en que Él va a proveer las cosas que necesitamos, sin que esto signifique que nos quedemos como simples espectadores.
Mateo en su capítulo 6, versículos del 25 al 27, nos dice algo muy importante sobre aquello que debe de ser nuestra prioridad:
“Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?
No inquietarse, no preocuparse, no estar obsesionado con el “tener” y enfocarnos más en el “ser”. Dios nos dice muy claramente que Él va a proveer, que siempre nos va a cuidar, pero a nosotros nos toca una parte importante.
Una cosa es vivir obsesionado con el tener y otra trabajar para cumplir nuestras responsabilidades que nos toca. Dios no nos dice: “No trabajes, no estudies, que yo te voy a proveer”, no. Lo que Dios nos dice -por lo menos es lo que yo entiendo- es que debemos trabajar, estudiar para crecer como personas y así poder proveer de alimento, casa y vestido a nuestra familia. Al generar ingresos económicos a través del trabajo, podemos brindarle a nuestra familia, una mejor calidad de vida, y esto no tiene nada que ver con aquello de vivir pegado a la moda o al dinero y la opulencia, eso es otra cosa.
Al levantarte en la mañana, lo primero que debes de hacer es darle gracias a Dios por el nuevo día, un nuevo día de oportunidades para crecer, para trabajar y lograr tus metas. Dios quiere para ti la prosperidad para que vivas bien y disfrutes de la vida, pero con el cuidado de que tu vida, tu felicidad, depende de ello.
Tu vida y felicidad depende el Señor y de que tú practiques sus enseñanzas que las encontramos en la Biblia.