En la Biblia, en Juan 3:16 se dice que “Dios entregó a su Hijo para salvar al mundo, para que quien crea en él tenga vida eterna”. Este versículo es probablemente el más conocido de la Biblia.
Siempre escuché esta enseñanza, que Dios Padre entrega a su único Hijo para salvar a toda la humanidad, humanidad que no creía en Él, humanidad que dudaba de su existencia, humanidad que despreció sus mandamientos.
Pero, aquí falta reconocer algo, falta reconocer el compromiso de María, la madre de Jesús. “Hágase en mí según tu voluntad”, es una frase de la Biblia que aparece en Lucas 1:38. La dijo María al arcángel Gabriel cuando le anunció que sería la madre de el Salvador.
¿Alguna vez en alguna misa o culto evangélico se ha dicho: “¿María entregó a su único Hijo”, siquiera a manera de reflexión por el compromiso de María con la humanidad y con Dios mismo?.
Imagínate por un momento, tú que eres madre y estás leyendo esto, que te pidan que entregues a tu único hijo a un proceso de torturas, humillaciones, burlas, acusaciones sin fundamento, traiciones y además de asesinato, porque la crucifixión de Jesús fue un asesinato, para salvar a una comunidad qué, además, ni siquiera cree en esa salvación… ¿lo harías? Pues eso fue lo hizo María por cada uno de nosotros.
Así como tu mamá te cuidó, te enseñó a hablar, a dar tus primeros pasos, te enseñó a comer, a vestirte, a escribir y otras cosas más, de la misma manera María educó a Jesús, lo abrazaba, lo amaba, le daba besos…era su único Hijo.
Por eso, para mí, María debería ser reconocida como la Madre del Nuevo Pacto, del nuevo pacto de Dios con la humanidad. Ella aceptó ser la Madre del Hijo de Dios, pero estoy muy seguro de que jamás se imaginó de todo lo que su único Hijo iba a sufrir. Ella sabía que su camino sería difícil, que la misión de su Hijo le traería problemas, pero nunca se imaginó todo el sufrimiento que vería en carne propia en su único Hijo.
Yo me acuerdo cuando mi mamá se preocupaba cuando yo o cuando uno de mis hermanos enfermaba, estaba muy atenta a cuidarnos y protegernos. Me imagino a María tratando de proteger a Jesús y a su vez, saber que no podía interferir en el plan de Dios para nuestra salvación.
Toda la humanidad de Jesús nació en María, como nosotros de nuestras madres. Por ello, acerquémonos a María para que interceda por nosotros. Si ella fue capaz de entregar a su único Hijo para nuestra salvación, ¿crees que no intercederá por ti?