La amistad es uno de los valores más importantes del ser humano, incluso, dentro de la propia familia es difícil encontrar personas en quienes confiar y uno termina confiando más en personas ajenas a su entorno familiar, y bendito aquél que dentro de su propia familia encuentra amigos de verdad en sus padres o hermanos, tíos, sobrinos o primos.
Los amigos, pero me refiero a los verdaderos amigos, siempre van a buscar lo mejor para uno. Te darán el mejor consejo, te dirán las cosas de frente así no te gusten mucho y te causen incomodidad, porque en el fondo lo que buscan es tu felicidad.
Es aquí donde les quiero compartir una lectura bíblica del Nuevo Testamento, donde el principal protagonista -para esta reflexión- no es propiamente Jesús, sino un grupo de amigos…
Se trata del Evangelio de Lucas, en el capítulo 5 del versículo 17 al 20, y esto sucedió: Resulta que Jesús estaba enseñando dentro de una casa, puede que haya sido dentro de la casa de uno de sus discípulos, no se detalla esta situación, pero la cosa es que había mucha gente escuchando el mensaje del Señor, incluso los propios fariseos y maestros de la Ley, que, dicho sea de paso, no dejaban de hostigar a Jesús con sus cuestionamientos que sólo buscaban poner en ridículo al Señor.
Mientras el Señor enseñaba a través de parábolas que cautivaban a la gente que estaba presente, llegaron a la casa un grupo de hombres, llevando entre sus manos una camilla donde estaba un paralítico, su amigo. Sólo pudieron llegar hasta la puerta de la casa, ya que había tanta gente apretándose que no podían entrar. Se pusieron a conversar entre ellos, para ver cómo solucionaban esa situación de acercar a su amigo para que Jesús lo sanase. Entonces, empezaron a mirar hacia arriba de la casa y se les ocurrió una idea…
Fue así, que, con mucho cuidado, empezaron a subir la camilla por una escalera con su amigo el paralítico, hasta llegar al techo de la casa, en eso se pusieron a cavar con sus propias manos un hueco por el techo, para que puedan bajar a su amigo a la presencia de Jesús.
De pronto, unas pajas de adobe empezaron a caer sobre la cabeza de Jesús, quién levantó su rostro hacia arriba y se encontró con la sorpresa de que una camilla atada a unas sogas estaba bajando frente a Él. Eran los amigos, que después de un largo rato, lograron hacer el hueco y bajar a su amigo el paralítico precisamente delante del Señor.
Jesús se quedó sorprendido por la fe de estos hombres, que sólo querían recuperar a su amigo, que estaban hartos de verlo así sin poder caminar, sin poder trabajar, sin familia, sólo, arrastrándose por el suelo de las calles bajo la mirada indiferente de muchas personas que pasaban por su lado, pero para bendición de él, tenía a sus amigos que jamás lo abandonaron, que siempre estuvieron a su lado y al final lograron que Jesús lo sanara al ver la fe de sus amigos…
Sólo quiero invitarte a que hagas una reflexión, ¿tienes amigos así? ¿eres uno de esos amigos? ¿permites que tus amigos te aconsejen? ¿eres indiferente ante la situación de tus amigos o tus familiares? ¿o eres como los amigos del paralítico que haces todo lo que esté a tu alcance para ayudar a tus amigos o familia? ¿Tienes esa actitud de los amigos del paralítico con tus hermanos? ¿con tus padres? ¿con tus hijos? ¿con tu esposa? ¿con tu esposo?
La amistad no sólo se trata de ir a fiestas, reuniones de cumpleaños o matrimonios, ni tampoco se trata de un selfi, se trata de un compromiso de amor, respeto y solidaridad, buscando lo mejor para aquellas personas que tú sabes que te aman y se preocupan por tí.