En varias ocasiones decimos cosas de las que luego nos arrepentimos, a veces presionados por determinadas situaciones en las que nos encontramos entre la espada y la pared, y terminamos haciendo o diciendo cosas que en el fondo no queremos y terminamos haciendo daño a las personas que más amamos.
¿Cuesta perdonar esto? Sí, definitivamente cuesta perdonar este tipo de actitudes, sobre todo cuando tomamos tal cual vienen las cosas y no tomamos en consideración la situación del otro, porqué actuó de esa manera, sólo juzgamos por el dolor que sentimos en ese momento y no nos importa más nada, no queremos escuchar explicación alguna.
Pero hay una persona que nos enseña el valor de perdonar, de aplicar la empatía, sobre todo con aquellas personas que sabemos que nos quieren mucho, que son buenas, que quieren lo mejor para nosotros, y a pesar de todo ello, a veces nos hacen daño sin querer, me refiero a la persona de Jesús, y te invito a leer esta historia….
Marcos capítulo 14; del versículo 66 al 72, nos cuenta un hecho realmente impactante en la vida de estos dos grandes amigos: Jesús y Pedro. Ya habían detenido a Jesús en el huerto de Getsemaní, y muchos de sus discípulos huyeron por el temor de ser detenidos y luego torturados como a su maestro, unos estaban escondidos y otros deambulaban por las calles tratando de no ser reconocidos por la gente.
Fue así, que de pronto una de las sirvientas del Sumo Sacerdote reconoce a Pedro y lo señala como uno de los discípulos de Jesús, él, lleno de miedo por lo que le podía pasar si los romanos lo capturaban, negó conocerlo, pero la sirvienta empieza a decirle a los presentes que él era de los que seguían a Jesús y Pedro, después de negarlo por segunda vez se fue corriendo a otro lugar. Nuevamente, otra persona reconoce a Pedro como amigo de Jesús, y una vez más, él, muy temeroso, niega su relación con Jesús y jura una y otra vez que no forma parte de sus discípulos. Luego de esto, Pedro escuchó el canto de un gallo, y al acordarse lo que le dijo Jesús, de que antes de que el gallo cantara tres veces, él lo iba a negar, se puso a llorar desconsoladamente por lo que había hecho y lo peor es que Jesús lo sabía…
Jesús conocía muy bien a Pedro, Él lo amaba mucho, sabía que era algo impulsivo, pero también sabía que Pedro lo amaba a Él, una muestra de ello es cuando lo van a detener a Jesús. Pedro, arrebata la espada a un soldado que acompañaba a los sacerdotes y se enfrenta a ellos cortándole la oreja a un soldado. Jesús, al ver lo que había sucedido, se acerca al soldado y le cura la herida, dejando sorprendido al propio soldado.
Jesús sabía quién era Pedro, tanto así que le entregó las llaves del reino, le dijo entre otras cosas: «Tú serás Pedro, y sobre ti construiré mi iglesia» (Mateo 16, 13-28). ¿Por qué Jesús confiaba en Pedro a pesar de que Él sabía que luego lo iba a negar? Tal vez, porque Jesús sabía del amor y el compromiso que Pedro tenía con Él aun conociendo de sus errores, de sus indecisiones, de sus miedos que aparecerían en el momento en que la situación de Jesús se iba a poner muy difícil, pero también sabía que Pedro aún no estaba preparado para asumir ese sacrificio por Él. Por eso Jesús desde antes de que sucediera la negación de Pedro, Él ya lo había perdonado, ya que, para Jesús, Pedro era una buena persona, un gran discípulo, muy comprometido, y la actitud de negarlo (aun cuando es algo muy doloroso para quien sufre que lo nieguen) no ensombrecía integralmente la persona de Pedro. Para Jesús, Pedro era mucho más que eso, Pedro tenía más valores cuyo peso era mucho más grande que la propia actitud de negarlo, negación que fue por miedo a morir, al sufrimiento que implica una tortura física, a la que Pedro aún no estaba listo…
Muchas veces juzgamos duramente a las personas que amamos, por el sólo hecho de tener una actitud negativa fruto de un arrebato o un momento de crisis. Tomamos aquellas palabras de insulto que se dan en un momento de discusión, como si fueran lo peor que alguien nos puede decir, y nos olvidamos en ese momento de quién nos lo está diciendo. Con esto no quiero decir que tenemos que pasar por alto todo insulto y actitud negativa de las personas hacia nosotros, pero creo que debemos de considerar quién lo dice, y bajo qué circunstancias lo dice. Tal vez se trate de una persona que nosotros conocemos muy bien, sabemos que es alguien bueno, buen amigo, buen familiar, buen esposo, o esposa, o un buen hijo o hija, o tal vez, hasta un buen padre o madre. Pero, en un momento de discusión, de arrebato, de presión, de preocupación, de miedo a perder algo, o incluso, tal vez, entendió mal lo que le estamos diciendo, responde de muy mala manera, ofendiéndonos, creando en nosotros un fuerte resentimiento, lo que nos aleja de esa persona…que sabemos que nos ama y nosotros amamos.
Yo quiero invitarte a que hagas un pequeño ejercicio de reflexión. Podemos encontrarnos en el lugar de Pedro o de Jesús, en cualquiera de ellos, porque la vida nos lleva a vivir distintos momentos, distintas experiencias, hoy podemos estar en un lugar y mañana en otro. Si estás en el lugar de Pedro, donde has ofendido de puro arrebatado (a) a una persona que amas, acércate, dile que quieres conversar con ella, pero lo primero, lo primerito que debes de hacer es pedir perdón por haberla ofendido, eso es lo primero que uno debe de hacer para poder abrir la puerta de la reconciliación, y luego explicarle -no justificar- por qué actuaste así, repite una y otra vez, que no te estás justificando, que sólo le estás explicando por qué EQUIVOCADAMENTE respondiste o actuaste de esa manera. Dile que lo amas, que es importante para ti, que no deseas ofenderle otra vez, que pondrás de tu parte para que no vuelva a pasar, que lo respetas y que te perdone. Si logras que te escuche, lograrás su perdón y de esa manera liberarte de la carga de la culpa, y empezar nuevamente tu relación con esa persona, cuidando que no se repita una situación similar.
Ahora imagínate que estás en el lugar de Jesús, del que sufre la ofensa, el daño, el arrebato del otro. Mira y recuerda quién es esa persona, ¿es alguien que sólo vive para ofenderte? o ¿es alguien que sabes que TE AMA, pero se equivocó y en un arrebato te ofendió y te faltó el respeto? Pues si tú lo conoces y sabes que es una buena persona que suma a tu vida, y esa persona se te acerca para hablar contigo y arreglar las cosas, escúchale, pon atención a lo que te tenga que decir, tal vez te darás con alguna sorpresa -ya que muchas veces actuamos motivados por situaciones externas que no tienen nada que ver con la persona que al final terminamos ofendiendo- que su actitud no tenía nada que ver contigo.
Si, por el contrario, esa persona que te ofendió no se acerca a conversar contigo, deja tu orgullo de lado y acércate tú, ¿por qué te digo esto? para que recuperes a esa persona que es importante para ti y tú para él, para que sanen su relación, para que no permitas que un error haga más daño que el que merece la situación. Acércate y dile que quieres conversar con él (ella), pregúntale porqué te ofendió, si entendió lo que tú le querías decir, que no había motivo para la ofensa y luego de decirle eso, escúchalo, pon atención a lo que te tenga que decir. Yo te aseguro que, si esa persona realmente te ama, te va a pedir perdón y te sabrá explicar por qué actuó de esa manera, y así podrán seguir avanzando como amigos, como familia, o como compañeros de trabajo.
Sea que estés en el lugar de Pedro o de Jesús, antes de acercarte a hablar con la persona con la que quieres arreglar las cosas, pídele al Señor en oración, que guíe tus palabras, entrégale a Jesús esa relación, ese momento de diálogo con la persona que en esos momentos te encuentras distante, pero que tú quieres que nuevamente estén unidos.
Para terminar, te pregunto, ¿en qué lugar te encuentras, en el de Pedro o en el de Jesús?