“Así que podemos decir con toda confianza: el Señor es quien me ayuda; no temeré, ¿Qué me puede hacer un simple mortal?” (Hebreos 13:6)
Por cuestiones de trabajo, he tenido la oportunidad de viajar muchas veces en avión, y la verdad que al principio me moría de miedo cuando éste pasaba por una turbulencia, me daba la impresión de que el avión se iba a caer en algún momento. Tal era mi miedo, que al principio cuando viajaba, antes de subir al avión me tomaba una pastilla, un xanax (pastilla para dormir) para dormirme y según yo “no darme cuenta de nada”. Hasta que un día, un primo mío me explicó aquello de la turbulencia, que el avión estaba preparado para ello, que no iba a pasar nada por más que el avión se zarandeaba por aquí y por allá, que el piloto sabía que iba a pasar por una turbulencia y que -según la fuerza de la turbulencia- subía el avión a mayor altura para salir de esa zona. Mi miedo no se fue, siguió ahí, pero, a partir de ese momento me dije a mi mismo: “¿Cómo es posible que tenga mas confianza en una pastilla que en Dios?”. Entonces, dejé de tomar la pastilla y empecé a confiar en Dios, en que Él me protegía y protegía a todos, y si por alguna razón pasaba algo, mi vida estaba en manos del Señor y Él no dejaría desamparada a mi familia.
Nuestra vida, nuestro día a día, tiene de todo como un viaje en avión. Vamos de un punto de partida, sea, matrimonio, trabajo, estudios, emprendimiento, relaciones, responsabilidades con la familia, con lo hijos, todo esto es como un viaje en avión donde hay un principio, un punto de partida y un punto de llegada y la idea es que, como un viaje en avión, nadie se puede bajar a medio camino.
En cualquiera de estos “viajes” habrán tiempos tranquilos, sin mayor dificultad y otros donde tendremos que experimentar “turbulencias”, unas mas fuertes que otras, pero indistintamente de su intensidad, como una turbulencia en el avión, la “turbulencia” que está impactando en un área de nuestra vida…va a pasar, sobre todo, la vamos a superar porque en este caso, nuestro piloto es el Señor, es Dios mismo conduciendo nuestra vida, y Él nos va a pedir que seamos capaces de elevarnos sobre cualquier situación, problema, reto que tengamos al frente y que nos quiera poner obstáculos, con su ayuda, lo vamos a superar.
¿Estás pasando por una “turbulencia”? No te preocupes, no te asustes, confía en Dios, Él es el piloto que conduce tu vida, confía en Él, Él sabe como ayudarte para que te eleves sobre esa situación, y saldrás adelante. Dios te bendiga.